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Competitividad de la industria del plástico: El informe de Mario Draghi sobre la soberanía europea

• 8 de enero de 2026 • por Joseph TAYEFEH
Competitividad de la industria del plástico: El informe de Mario Draghi sobre la soberanía europea
El plástico circular, palanca de la soberanía industrial: Draghi define las prioridades de Europa.
Los textos importantes se reconocen por una cosa: no hacen ruido al llegar, pero estructuran todo lo que sigue.

El informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea publicado en septiembre de 2024, y más concretamente su «parte B», no se concibió como un manifiesto sectorial, y mucho menos como un documento militante. Sin embargo, se está convirtiendo en la matriz intelectual de numerosas decisiones tomadas o en preparación en Bruselas, en particular sobre la circularidad de los plásticos.

Por esta razón, califiqué este informe como «la brújula de la brújula» de la Comisión Europea, durante una conferencia en Bruselas a la que fui invitado a intervenir (vídeo más abajo).

No porque dicte cada medida, sino porque vuelve a marcar el rumbo: el de una circularidad realista, industrializable y compatible con una Europa que no renuncia a producir.

 

Una clara distinción frente a las emisiones de GEI

El informe Draghi tiene el mérito de poner las cosas en su sitio en lo que respecta al impacto directo del carbono de nuestra producción. Distingue explícitamente el sector «Caucho y plásticos» de las cuatro familias de industrias que más energía consumen (química, metales básicos, minerales no metálicos como el vidrio o el cemento, papel y madera).

La industria del plástico emite menos gases de efecto invernadero (GEI) que todas estas industrias, tanto en términos absolutos como en relación con el valor añadido del sector. No se trata de una opinión personal de Mario Draghi o de la industria del plástico. Es una constatación documentada y asumida.

Este recordatorio factual es esencial. Contradice frontalmente una narrativa demasiado extendida según la cual la industria del plástico sería, por naturaleza, uno de los grandes responsables climáticos de la industria europea. La reducción de las emisiones de GEI no pasará por la disminución de la industria del plástico europea. Para un sector en el que algunos se pasan el tiempo justificándose, este punto cambia las reglas del juego.

Superar el contrasentido de la «descarbonización»

El informe Draghi aporta una importante aclaración conceptual que muchos fingían ignorar hasta ahora: el plástico es un material carbonoso. Por su composición. Por definición. Por su composición química.

Por lo tanto, hablar de «descarbonización» del plástico no tiene sentido. Y Mario Draghi lo dice explícitamente: el reto no es eliminar el carbono, sino reducir la dependencia de los combustibles fósiles como materia prima.

Hoy en día, gran parte de los plásticos producidos en Europa siguen basándose en recursos fósiles. El informe no niega este hecho. De él extrae una conclusión estratégica: el futuro del sector pasa por la desfosilización, siempre que sea posible. Para lograrlo, el reciclaje y la aparición de un verdadero mercado unificado de materias primas secundarias, así como el uso de soluciones de origen biológico, adecuadas para determinadas aplicaciones, nos permitirán sin duda alcanzar este objetivo.

Este cambio semántico dista mucho de ser insignificante. Confirma, negro sobre blanco, lo que Plastalliance lleva años afirmando: el problema no es el plástico, sino el modelo de abastecimiento.

Un diagnóstico realista sobre la economía del reciclaje

Mario Draghi admite abiertamente que el reciclaje de plásticos no cuenta actualmente con un modelo económico sólido («strong business case»).
El informe identifica claramente estos obstáculos:

– El material virgen sigue siendo más barato, incluso incluyendo el precio del carbono.

– Los costes de vertido e incineración siguen siendo demasiado bajos en Europa.

– Es difícil obtener una «prima ecológica» (green premium) por los plásticos reciclados debido a la calidad variable de los materiales secundarios.

Este diagnóstico es valioso, ya que rompe con una ficción peligrosa: la que consiste en imponer objetivos sin crear las condiciones económicas para alcanzarlos.

El informe prepara así el terreno para una nueva situación en Europa, la ley sobre la economía circular, cuyo objetivo es estructurar un mercado único de residuos y hacer que el reciclaje sea competitivo frente a la incineración y el enterramiento. Es aquí donde se juega el futuro del sector.

Poner fin al exceso de regulación nacional: una cuestión de supervivencia industrial

Por último, el informe Draghi aborda un tema que los industriales conocen muy bien: la transposición excesiva a nivel nacional y el gold-plating. Según la Comisión Europea, el gold-plating se define como «un exceso de normas, directrices y procedimientos acumulados a nivel nacional, regional y local, que interfieren con los objetivos políticos previstos de dicha normativa».

Estas capas normativas adicionales, añadidas por algunos Estados miembros (como Francia) más allá de los textos europeos, crean una complejidad innecesaria, fragmentan el mercado y penalizan a las empresas que operan en varios territorios.

La recomendación de reforzar el papel del Grupo de Trabajo para la Aplicación de la Normativa del Mercado Único (SMET) no es técnica. Es política. Significa que Europa no puede pretender defender su competitividad industrial y al mismo tiempo tolerar distorsiones internas que debilitan a sus propios líderes. Porque, con demasiada frecuencia, se acusa a Europa de lo que son los propios Estados miembros los que añaden. La circularidad no sobrevivirá a 27 interpretaciones o aplicaciones divergentes de un mismo texto.

Para la industria europea del plástico, es una señal clara: la armonización no es una opción, es una condición para la supervivencia.

Una hoja de ruta que hay que apoyar, no caricaturizar

El informe Draghi no aboga en absoluto por la desaparición del plástico, incluido el de un solo uso. Reconoce que el sector representa alrededor del 5 % de la industria manufacturera europea y que es estratégico para la autonomía industrial del continente.

Propone una vía exigente pero realista: la de una circularidad compatible con la competitividad, basada en mercados funcionales, normas claras, energía accesible y una Europa que deje de ponerse trabas a sí misma.

Plastalliance estará ahí para aprovechar esta brújula, no para sufrir la transición, sino para dirigirla junto con quienes comparten estos valores.